Gotas de agua en el mar
Me siento de nuevo frente a mi vieja Olivetti de dos colores. Hace unos minutos que sesgué con los dientes la fina bolsita que recubría los discos con la tela bicolor, para sustituir la vieja y seca cinta que, empolvada, aletargaba bajo la carcasa de la máquina mis viejos recuerdos. He limpiado cuidadosamente todas las teclas y engrasado con prudencia cada uno de los engranajes de las finas varillas que otrora imprimieran sobre amarillentos folios mis amores, decepciones y alegrías, entre versos y rimas. Repaso todas las letras. No se me ocurre nada. No pienso en nada. No sé qué hacer. No sé nada.
- Estoy absorta Doctor. No entiendo cómo ha podido hacerlo. No sé…
- Bueno, señora Merch, siento decirle que son reacciones normales en esta enfermedad. A menudo, algún objeto, alguna situación, e incluso algún sonido, les hace por un momento recordar algo, despertar ligeramente del letargo. Pero son… cómo diría… gotas de agua en el mar.

