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Nada que ver
Encuentro el cariño de la vida,
en los cardos borriqueros que me miran,
que acarician en la noche mi alma fría,
susurrando que el dolor de mi se olvida.
Pero yo,
inquieto, trasnochado otra vez...
Busco a los pies de tu lecho
los gritos de las flores marchitadas,
que arrancaron con cucharas los despojos,
viejos, sucios y asquerosos,
que anteayer escupió tu pecho.
Pero tú,
tranquila, a pierna suelta, despierta...
Acompasas tu respiración a la mía,
rodeada de amapolas, dulces, traicioneras,
apartas las papeleras
que suplican que les cuentes,
que de verdad te quería.
Receta
Reza el cartel de mi puerta:
“artista incomprendido,
licenciado en el olvido,
aprobado en amor imposible,
doctor en caricia muerta”.
Sólo viene a mi consulta
algún beso reprimido,
ese recuerdo escondido,
aquel pasado terrible
y una triste herida oculta.
Y me siento en el diván,
creyéndome recuperado,
recostado en el recuerdo…
que yo mismo he preparado.
